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¡NACE EL FRENTE NACIONAL POR LA FAMILIA PARA DEFENSA DEL MATRIMONIO Y LOS NIÑOS! El 25 de mayo nació el “Frente Nacional por la Familia” en 27 Estados. Vamos a defender la Familia, el Matrimonio como unión de hombre y mujer, y a los niños. ¡Apoya! 1.Mira y comparte: http://bit.ly/1XVCS4i 2.	Firma esta petición http://bit.ly/1Tu5L4s 3.	Tuitea y pon en Facebook: @EPN ‪#‎YoDecidoxLaFamilia‬ http://bit.ly/1WQ02JS 4.	Sobre todo, SÚMATE: http://bit.ly/1OFGAHU
¡NACE EL FRENTE NACIONAL POR LA FAMILIA PARA DEFENSA DEL MATRIMONIO Y LOS NIÑOS!
El 25 de mayo nació el “Frente Nacional por la Familia” en 27 Estados. Vamos a defender la Familia, el Matrimonio como unión de hombre y mujer, y a los niños.
¡Apoya!
1. Mira y comparte: http://bit.ly/1XVCS4i
2. Firma esta petición http://bit.ly/1Tu5L4s
3. Tuitea y pon en Facebook: @EPN ‪#‎YoDecidoxLaFamilia‬ http://bit.ly/1WQ02JS
4. Sobre todo, SÚMATE: http://bit.ly/1OFGAHU

 

COMUNICADO DE LA COMISIÓN EPISCOPAL PARA LA FAMILIA, JUVENTUD, ADOLESCENTES, LAICOS Y VIDA COMUNICADO DE LA COMISIÓN EPISCOPAL PARA LA FAMILIA, JUVENTUD, ADOLESCENTES, LAICOS Y VIDA México, D.F. 24 de mayo de 2016 Hermanos en Cristo: La reciente iniciativa del Presidente de la República sobre el llamado “matrimonio igualitario” (17.05.16) que incluye una eventual reforma constitucional y al Código Civil Federal, a fin de que el matrimonio ya no se considere solamente entre un hombre y una mujer, sino también entre dos hombres, o dos mujeres, ha dado ocasión para que la Presidencia de la Conferencia del Episcopado Mexicano así como otros Pastores, reafirmen la visión de la Iglesia Católica sobre el matrimonio, la familia y el carácter sagrado de la vida humana desde el momento de la fecundación hasta la muerte natural. Como corresponde, también nuestra Comisión Episcopal para la Familia, Juventud, Adolescentes, Laicos y Vida, quiere expresar y compartir una vez más la verdad sobre el amor humano y la familia revelada en la Sagrada Escritura, testimoniar su visión sobre este don del principio y que, en Jesucristo, ha sido encomendado a la Iglesia para su anuncio fiel y custodia diligente, máxime que el matrimonio sacramento es el signo visible del amor de Cristo a la humanidad y la familia misma es imagen de Dios, Familia Divina. La Iglesia Católica, recientemente ha vivido a nivel universal una experiencia de fe, comunión, sinodalidad y discernimiento al celebrar un Sínodo Extraordinario y otro Ordinario sobre el tema de la Familia. El fruto de estos dos Sínodos ha sido recogido por el Papa Francisco quien, a su vez, nos lo comparte en su Exhortación Postsinodal Amoris laetitia (La alegría del amor). “No existe ningún fundamento –asume el Papa Francisco- para asimilar o establecer analogías, ni siquiera remotas, entre las uniones homosexuales y la familia […] Es inaceptable que las iglesias locales sufran presiones en esta materia y que los organismos internacionales condicionen la ayuda financiera a los países pobres a la introducción de leyes que instituyan el “matrimonio” entre personas del mismo sexo” (251). De esta manera se ha confirmado y profundizado ante el mundo contemporáneo la visión cristiana de la Iglesia católica sobre el matrimonio y la familia así como el valor sagrado de la vida. La Iglesia reitera la belleza de la sexualidad en el amor. Proclama con gozo que Dios ha creado al hombre como varón y mujer, y los ha bendecido para que formasen una sola carne y transmitieran la vida. Su diferencia sexual, en la igual dignidad personal, es el signo de la bondad de la creación de Dios. Y en base a esta visión bíblica, alma y cuerpo, como también el sexo biológico y el rol social-cultural del sexo, se pueden distinguir pero nunca separar. Toda la Sagrada Escritura que, en el fondo es un libro matrimonial y familiar, nos muestra la revelación del proyecto original de Dios para el matrimonio y la familia. Jesucristo asume este proyecto y mediante su Pascua le da al matrimonio la dignidad de sacramento del amor humano que, por eso mismo, participa del amor divino trinitario y le confía a la Iglesia custodiar este don y ponerse a su servicio. En una hermosa y objetiva síntesis proclama Amoris laetitia: “Con esta mirada, hecha de fe y de amor, de gracia y de compromiso, de familia humana y de Trinidad divina, contemplamos la familia que la Palabra de Dios confía en las manos del varón, de la mujer y de los hijos para que conformen una comunión de personas que sea imagen de la unión entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo” (29). Como pastores del pueblo de Dios, primeros responsables del anuncio de esta buena nueva, exhortamos a todos los creyentes en Jesucristo a demostrar su vocación de discípulos misioneros de Jesucristo, a ser y hacer de la familia, según el proyecto de Dios, una iglesia doméstica, un sujeto evangelizador, es decir, que proclame y defienda con alegría y convicción en todo momento, ocasión y lugar la verdad sobre el hombre, varón y mujer (lo humano íntegro), sobre el matrimonio, la familia y la vida así como comprender al hijo como un don y no un derecho, necesitado de un padre y una madre. Los invitamos a no dudar de la Palabra de Dios que es la que nos hace conocer y participar de esta verdad en la persona de Cristo: desde el amor, ¡sean firmes y exigentes en el respeto de todos a nuestra fe y visión cristiana católica sobre la familia! Padres de familia, vigilen para que en las instituciones del Estado, escuelas, hospitales y centros de salud, cámaras legislativas, instituciones de justicia, medios de comunicación masiva, se respete nuestro derecho a creer, proclamar y vivir nuestra propia visión revelada por Dios, mediante la Verdad reveladora de Cristo. Ante tal situación, apelamos a la responsabilidad de los laicos, para que sean tomados en cuenta en el diseño de las políticas públicas y en materia especialmente de tanta trascendencia como son el matrimonio y la familia. Los creyentes son también ciudadanos, que no pueden seguir como espectadores contemplando la decadencia de una sociedad sin rumbo, sino al contrario promoviendo una cultura que reflejen en las leyes el respeto a la visión y cultura propia de nuestra Nación. Todos somos miembros de una familia de sangre. Todos formamos parte de la familia humana. Acogidos en la mirada y el regazo materno de Santa María de Guadalupe, conscientes del llamado a la santidad, busquémosla y vivámosla en el matrimonio y la familia. † S. E. Mons. Rodrigo Aguilar Martínez Obispo de Tehuacán Presidente Comisión Familia, Juventud, Adolescentes, Laicos y Vida † S. E. Mons. Alonso Gerardo Garza Treviño † S.E. Mons. Juan Armando Pérez Talamantes Obispo de Piedras Negras Obispo Auxiliar de Monterrey Dimensión Familia Dimensión Jóvenes † S.E. Mons. Jorge Cuapio Bautista † S. E. Mons. Faustino Armendáriz Jiménez Obispo Auxiliar de Tlalnepantla Obispo de Querétaro Dimensión Adolescentes Dimensión Laicos † S. E. Mons. Francisco Javier Chavolla Ramos Obispo de Toluca Dimensión Vida
COMUNICADO DE LA COMISIÓN EPISCOPAL PARA LA FAMILIA, JUVENTUD, ADOLESCENTES, LAICOS Y VIDA
COMUNICADO DE LA COMISIÓN EPISCOPAL PARA LA FAMILIA, JUVENTUD, ADOLESCENTES, LAICOS Y VIDA
México, D.F. 24 de mayo de 2016
Hermanos en Cristo:
La reciente iniciativa del Presidente de la República sobre el llamado “matrimonio igualitario” (17.05.16) que incluye una eventual reforma constitucional y al Código Civil Federal, a fin de que el matrimonio ya no se considere solamente entre un hombre y una mujer, sino también entre dos hombres, o dos mujeres, ha dado ocasión para que la Presidencia de la Conferencia del Episcopado Mexicano así como otros Pastores, reafirmen la visión de la Iglesia Católica sobre el matrimonio, la familia y el carácter sagrado de la vida humana desde el momento de la fecundación hasta la muerte natural.
Como corresponde, también nuestra Comisión Episcopal para la Familia, Juventud, Adolescentes, Laicos y Vida, quiere expresar y compartir una vez más la verdad sobre el amor humano y la familia revelada en la Sagrada Escritura, testimoniar su visión sobre este don del principio y que, en Jesucristo, ha sido encomendado a la Iglesia para su anuncio fiel y custodia diligente, máxime que el matrimonio sacramento es el signo visible del amor de Cristo a la humanidad y la familia misma es imagen de Dios, Familia Divina.
La Iglesia Católica, recientemente ha vivido a nivel universal una experiencia de fe, comunión, sinodalidad y discernimiento al celebrar un Sínodo Extraordinario y otro Ordinario sobre el tema de la Familia.
El fruto de estos dos Sínodos ha sido recogido por el Papa Francisco quien, a su vez, nos lo comparte en su Exhortación Postsinodal Amoris laetitia (La alegría del amor). “No existe ningún fundamento –asume el Papa Francisco- para asimilar o establecer analogías, ni siquiera remotas, entre las uniones homosexuales y la familia […] Es inaceptable que las iglesias locales sufran presiones en esta materia y que los organismos internacionales condicionen la ayuda financiera a los países pobres a la introducción de leyes que instituyan el “matrimonio” entre personas del mismo sexo” (251).
De esta manera se ha confirmado y profundizado ante el mundo contemporáneo la visión cristiana de la Iglesia católica sobre el matrimonio y la familia así como el valor sagrado de la vida. La Iglesia reitera la belleza de la sexualidad en el amor. Proclama con gozo que Dios ha creado al hombre como varón y mujer, y los ha bendecido para que formasen una sola carne y transmitieran la vida. Su diferencia sexual, en la igual dignidad personal, es el signo de la bondad de la creación de Dios. Y en base a esta visión bíblica, alma y cuerpo, como también el sexo biológico y el rol social-cultural del sexo, se pueden distinguir pero nunca separar.
Toda la Sagrada Escritura que, en el fondo es un libro matrimonial y familiar, nos muestra la revelación del proyecto original de Dios para el matrimonio y la familia. Jesucristo asume este proyecto y mediante su Pascua le da al matrimonio la dignidad de sacramento del amor humano que, por eso mismo, participa del amor divino trinitario y le confía a la Iglesia custodiar este don y ponerse a su servicio. En una hermosa y objetiva síntesis proclama Amoris laetitia: “Con esta mirada, hecha de fe y de amor, de gracia y de compromiso, de familia humana y de Trinidad divina, contemplamos la familia que la Palabra de Dios confía en las manos del varón, de la mujer y de los hijos para que conformen una comunión de personas que sea imagen de la unión entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo” (29).
Como pastores del pueblo de Dios, primeros responsables del anuncio de esta buena nueva, exhortamos a todos los creyentes en Jesucristo a demostrar su vocación de discípulos misioneros de Jesucristo, a ser y hacer de la familia, según el proyecto de Dios, una iglesia doméstica, un sujeto evangelizador, es decir, que proclame y defienda con alegría y convicción en todo momento, ocasión y lugar la verdad sobre el hombre, varón y mujer (lo humano íntegro), sobre el matrimonio, la familia y la vida así como comprender al hijo como un don y no un derecho, necesitado de un padre y una madre.
Los invitamos a no dudar de la Palabra de Dios que es la que nos hace conocer y participar de esta verdad en la persona de Cristo: desde el amor, ¡sean firmes y exigentes en el respeto de todos a nuestra fe y visión cristiana católica sobre la familia! Padres de familia, vigilen para que en las instituciones del Estado, escuelas, hospitales y centros de salud, cámaras legislativas, instituciones de justicia, medios de comunicación masiva, se respete nuestro derecho a creer, proclamar y vivir nuestra propia visión revelada por Dios, mediante la Verdad reveladora de Cristo.
Ante tal situación, apelamos a la responsabilidad de los laicos, para que sean tomados en cuenta en el diseño de las políticas públicas y en materia especialmente de tanta trascendencia como son el matrimonio y la familia. Los creyentes son también ciudadanos, que no pueden seguir como espectadores contemplando la decadencia de una sociedad sin rumbo, sino al contrario promoviendo una cultura que reflejen en las leyes el respeto a la visión y cultura propia de nuestra Nación.
Todos somos miembros de una familia de sangre. Todos formamos parte de la familia humana. Acogidos en la mirada y el regazo materno de Santa María de Guadalupe, conscientes del llamado a la santidad, busquémosla y vivámosla en el matrimonio y la familia.
† S. E. Mons. Rodrigo Aguilar Martínez
Obispo de Tehuacán
Presidente Comisión Familia, Juventud, Adolescentes, Laicos y Vida
† S. E. Mons. Alonso Gerardo Garza Treviño † S.E. Mons. Juan Armando Pérez Talamantes
Obispo de Piedras Negras Obispo Auxiliar de Monterrey
Dimensión Familia Dimensión Jóvenes
† S.E. Mons. Jorge Cuapio Bautista † S. E. Mons. Faustino Armendáriz Jiménez
Obispo Auxiliar de Tlalnepantla Obispo de Querétaro
Dimensión Adolescentes Dimensión Laicos
† S. E. Mons. Francisco Javier Chavolla Ramos
Obispo de Toluca
Dimensión Vida
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El ‘smartphone’ ha cambiado nuestras vidas: 10 riesgos que debes evitar…
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En defensa del matrimonio de Emmo. Card. Alberto Suárez Inda Arzobispo de Morelia (Click en la imagen para leer el archivo)
En defensa del matrimonio
de Emmo. Card. Alberto Suárez Inda
Arzobispo de Morelia
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"Algunas reflexiones en torno al tema de la corrupción" de Jorge Mario Bergoglio https://docs.com/…/algunas-reflexiones-en-torno-al-tema-de-…
“Algunas reflexiones en torno al tema de la corrupción” de Jorge Mario Bergoglio
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Los 10 Mandamiento de la Ley de Dios 1°: “Escucha, Israel, el Señor en nuestro Dios, el Señor es uno. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Guarda en tu corazón estas palabras que hoy te digo” (Dt 6, 4-6). “El primer mandamiento llama al hombre para que crea en Dios, espere en Él y lo ame sobre todas las cosas” (CEC 2134). 2°: “No tomaras en vano el nombre del Señor, tu Dios, porque el señor no deja sin castigo al que toma su nombre en vano” (Ex 20, 7). “Dios lo exaltó y le dio el nombre que está por encima de todo nombre, para que ante el nombre de Jesús se doble toda rodilla en los cielos y en la tierra y en los abismos, y toda lengua proclame que Jesucristo es Señor, para Gloria de Dios Padre” (Fil 2, 9-11). “El nombre del Señor es santo. Por eso el hombre no puede usar más de él. Lo debe guardar en la memoria en un silencio de adoración amorosa. No lo empleará en sus propias palabras, sino para beneficiarlo, alabarlo y glorificarlo” (CEC 2143). 3°: “Acuérdate del sábado para santificarlo. Durante seis días trabajarás y harás todos tus trabajos. Pero el séptimo, es día de descanso en honor del Señor, tu Dios” (Ex 20, 8-10). “La Iglesia, desde la traición apostólica, que tiene su origen en el mismo día de la resurrección de Cristo, celebra el misterio de pascua cada ocho días, en el día que es llamado con razón “día del Señor” o domingo. En este día, pues, los fieles deben reunirse a fin de que, escuchando la palabra de Dios y participando en la eucaristía, recuerden la pasión, la resurrección y la gloria del Señor Jesús y den gracias a Dios, que los hizo renacer a la viva esperanza por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos (1 Pe 1, 3). Por eso, el domingo es la fiesta primordial, que debe presentarse e inculcarse a la piedad de los fieles, de modo que sea también día de alegría y de liberación de trabajo” (SC 106). 4°: “Honraras a tu padre y a tu madre como te lo ha mandado el Señor tu Dios, para que tengas una larga vida y seas feliz en la tierra que el Señor tu Dios te da” (Dt 5, 16). Bajó con ellos a Nazaret, donde vivió obedeciéndolos. Su madre guardaba cuidadosamente todos estos recuerdos en su corazón” (Lc 2, 51). “Los hijos como miembros de la familia, contribuyen a su manera a la santificación de sus padres. Con el agradecimiento, la piedad filial y la confianza corresponderán a los beneficios recibidos de sus padres y, como hijos, los asistirán en las adversidades y en la soledad de la ancianidad. (…) La familia cristiana, por tener origen en el matrimonio, que es imagen y participación de la alianza de amor de Cristo y la Iglesia, manifestará a todos la vida del Salvador en el mundo y la auténtica naturaleza de la Iglesia, tanto por el amor, su generosa fecundidad, unidad y fidelidad, como por la cooperación amorosa de todos sus miembros” (GS 48). 5°: Entonces el Señor Dios formo al hombre de polvo de la tierra, sopló en su nariz un aliento de vida, y el hombre fue un ser viviente” (Gén 2, 7). “La vida humana es sagrada, porque desde su inicio es fruto de la acción creadora de Dios y permanece siempre en una especial relación con el Creador, su único fin. Sólo Dios es Señor de la vida desde su comienzo hasta su término; nadie, en ninguna circunstancia puede atribuirse el derecho de matar de modo directo a un ser humano inocente” (CEC 2258). 6°: “Han oído que se dijo: No cometerás adulterio. Pero yo les digo que todo el que mira con malos deseos a una mujer ya ha cometido adulterio con ella en su corazón” (Mt 5, 27-28). “La sexualidad humana es un Bien: parte del Don que Dios vio que era “muy bueno” cuando creó la persona humana a su imagen y semejanza, y “hombre y mujer los creo”. En cuanta modalidad de relacionarse y abrirse a los otros, la sexualidad tiene como final intrínseco el amor, más precisamente el amor como donación y acogida, como dar y recibir. La relación entre un hombre y una mujer es esencialmente una relación de amor: La sexualidad orientada, elevada e integrada por el amor adquiere verdaderamente calidad humana” (Pontificio Consejo para la Familia, “Orientaciones educativas en familia”, Sexualidad humana: verdad y significado, n 11). 7°: “Pues nada hemos traído al mundo y nada podremos llevarnos de él. Debemos contentarnos con tener alimento y vestido. Los que quieren enriquecerse caen en trampas y tentaciones, y se dejan dominar por una gran cantidad de locos y dañinos apetitos, que hunden a los hombres en la ruina y en la perdición. Porque el amor al dinero es la raíz de todos los males; algunos por codiciarlos, se han apartado de la fe y se han ocasionado a sí mismos muchos males… no pongan su confianza en algo tan inseguro como las riquezas, sino en Dios, que nos provee de todos los bienes en abundancia para que los disfrutemos” (1Tim 6, 7-10. 17). El séptimo mandamiento prohíbe tocar o retener el bien del prójimo injustamente y perjudicar de cualquier manera al prójimo en sus bienes. Prescribe la injusticia y la caridad en la gestión de los bienes terrenos y los frutos del trabajo de los hombres. Con miras al bien común exige el respeto del destino universal de los bienes y el derecho de la propiedad privada. La vida cristiana se esfuerza por ordenar a Dios y a la caridad fraterna los bienes de este mundo (Cfr. CEC 2401). 8°: “Que tu Palabra sea sí, cuando es sí; y no, cuando es no. Lo que pasa de ahí, viene del maligno” (Mt 5, 37). “Por tanto, destierren la mentira; que cada uno diga la verdad a su prójimo, ya que somos miembros los unos de los otros” (Ef 4, 25). “El octavo mandamiento prohíbe falsear la verdad en las relaciones con el prójimo. Este precepto moral deriva de la vocación del pueblo santo de ser testigo de su Dios, que es y que quiere la verdad. Las ofensas a la verdad o expresan, mediante palabras o acciones, un rechazo a comprometerse con la rectitud moral: son infidelidades básicas frente a Dios” (CEC 2464). 9°: “El que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón” (Mt 5, 8). “San Juan distingues tres especies de codicia o concupiscencia: la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la soberbia de la vida” (Cfr. 1Jn 2, 16). Siguiendo la tradición catequética católica, el noveno mandamiento prohíbe la concupiscencia de la carne…” (CEC 2514). 10°: “No codiciarás… nada que sea de tu prójimo”. (Ex 20, 17). “No desearas la casa de tu prójimo… ni su siervo, ni su sierva, ni su toro, ni su burro, ni nada de cuanto le pertenezca” (Dt 5, 21). “El décimo mandamiento desdobla y completa el noveno, que versa sobre la concupiscencia de la carne. Prohíbe la codicia del bien ajeno raíz del robo, de la rapiña y del fraude, prohibidos por el séptimo mandamiento. La “concupiscencia de los ojos” (Cfr. 1Jn 2, 16) llevada a la violencia y a la injusticia, prohibida por el quinto precepto (Cfr. Mi 2, 2). La codicia tiene su origen, como la fornicación, en la idolatría condenada a las tres primeras prescripciones de la ley” (Cfr. Sb 14, 12). El décimo mandamiento se refiere a la intención del corazón; resume con, el noveno, todos preceptos de la ley (CEC 2534).
Los 10 Mandamiento de la Ley de Dios
1°: “Escucha, Israel, el Señor en nuestro Dios, el Señor es uno. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Guarda en tu corazón estas palabras que hoy te digo” (Dt 6, 4-6).
“El primer mandamiento llama al hombre para que crea en Dios, espere en Él y lo ame sobre todas las cosas” (CEC 2134).
2°: “No tomaras en vano el nombre del Señor, tu Dios, porque el señor no deja sin castigo al que toma su nombre en vano” (Ex 20, 7).
“Dios lo exaltó y le dio el nombre que está por encima de todo nombre, para que ante el nombre de Jesús se doble toda rodilla en los cielos y en la tierra y en los abismos, y toda lengua proclame que Jesucristo es Señor, para Gloria de Dios Padre” (Fil 2, 9-11).
“El nombre del Señor es santo. Por eso el hombre no puede usar más de él. Lo debe guardar en la memoria en un silencio de adoración amorosa. No lo empleará en sus propias palabras, sino para beneficiarlo, alabarlo y glorificarlo” (CEC 2143).
3°: “Acuérdate del sábado para santificarlo. Durante seis días trabajarás y harás todos tus trabajos. Pero el séptimo, es día de descanso en honor del Señor, tu Dios” (Ex 20, 8-10).
“La Iglesia, desde la traición apostólica, que tiene su origen en el mismo día de la resurrección de Cristo, celebra el misterio de pascua cada ocho días, en el día que es llamado con razón “día del Señor” o domingo. En este día, pues, los fieles deben reunirse a fin de que, escuchando la palabra de Dios y participando en la eucaristía, recuerden la pasión, la resurrección y la gloria del Señor Jesús y den gracias a Dios, que los hizo renacer a la viva esperanza por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos (1 Pe 1, 3). Por eso, el domingo es la fiesta primordial, que debe presentarse e inculcarse a la piedad de los fieles, de modo que sea también día de alegría y de liberación de trabajo” (SC 106).
4°: “Honraras a tu padre y a tu madre como te lo ha mandado el Señor tu Dios, para que tengas una larga vida y seas feliz en la tierra que el Señor tu Dios te da” (Dt 5, 16).
Bajó con ellos a Nazaret, donde vivió obedeciéndolos. Su madre guardaba cuidadosamente todos estos recuerdos en su corazón” (Lc 2, 51).
“Los hijos como miembros de la familia, contribuyen a su manera a la santificación de sus padres. Con el agradecimiento, la piedad filial y la confianza corresponderán a los beneficios recibidos de sus padres y, como hijos, los asistirán en las adversidades y en la soledad de la ancianidad. (…) La familia cristiana, por tener origen en el matrimonio, que es imagen y participación de la alianza de amor de Cristo y la Iglesia, manifestará a todos la vida del Salvador en el mundo y la auténtica naturaleza de la Iglesia, tanto por el amor, su generosa fecundidad, unidad y fidelidad, como por la cooperación amorosa de todos sus miembros” (GS 48).
5°: Entonces el Señor Dios formo al hombre de polvo de la tierra, sopló en su nariz un aliento de vida, y el hombre fue un ser viviente” (Gén 2, 7).
“La vida humana es sagrada, porque desde su inicio es fruto de la acción creadora de Dios y permanece siempre en una especial relación con el Creador, su único fin. Sólo Dios es Señor de la vida desde su comienzo hasta su término; nadie, en ninguna circunstancia puede atribuirse el derecho de matar de modo directo a un ser humano inocente” (CEC 2258).
6°: “Han oído que se dijo: No cometerás adulterio. Pero yo les digo que todo el que mira con malos deseos a una mujer ya ha cometido adulterio con ella en su corazón” (Mt 5, 27-28).
“La sexualidad humana es un Bien: parte del Don que Dios vio que era “muy bueno” cuando creó la persona humana a su imagen y semejanza, y “hombre y mujer los creo”. En cuanta modalidad de relacionarse y abrirse a los otros, la sexualidad tiene como final intrínseco el amor, más precisamente el amor como donación y acogida, como dar y recibir. La relación entre un hombre y una mujer es esencialmente una relación de amor: La sexualidad orientada, elevada e integrada por el amor adquiere verdaderamente calidad humana” (Pontificio Consejo para la Familia, “Orientaciones educativas en familia”, Sexualidad humana: verdad y significado, n 11).
7°: “Pues nada hemos traído al mundo y nada podremos llevarnos de él. Debemos contentarnos con tener alimento y vestido. Los que quieren enriquecerse caen en trampas y tentaciones, y se dejan dominar por una gran cantidad de locos y dañinos apetitos, que hunden a los hombres en la ruina y en la perdición. Porque el amor al dinero es la raíz de todos los males; algunos por codiciarlos, se han apartado de la fe y se han ocasionado a sí mismos muchos males… no pongan su confianza en algo tan inseguro como las riquezas, sino en Dios, que nos provee de todos los bienes en abundancia para que los disfrutemos” (1Tim 6, 7-10. 17).
El séptimo mandamiento prohíbe tocar o retener el bien del prójimo injustamente y perjudicar de cualquier manera al prójimo en sus bienes. Prescribe la injusticia y la caridad en la gestión de los bienes terrenos y los frutos del trabajo de los hombres. Con miras al bien común exige el respeto del destino universal de los bienes y el derecho de la propiedad privada. La vida cristiana se esfuerza por ordenar a Dios y a la caridad fraterna los bienes de este mundo (Cfr. CEC 2401).
8°: “Que tu Palabra sea sí, cuando es sí; y no, cuando es no. Lo que pasa de ahí, viene del maligno” (Mt 5, 37).
“Por tanto, destierren la mentira; que cada uno diga la verdad a su prójimo, ya que somos miembros los unos de los otros” (Ef 4, 25).
“El octavo mandamiento prohíbe falsear la verdad en las relaciones con el prójimo. Este precepto moral deriva de la vocación del pueblo santo de ser testigo de su Dios, que es y que quiere la verdad. Las ofensas a la verdad o expresan, mediante palabras o acciones, un rechazo a comprometerse con la rectitud moral: son infidelidades básicas frente a Dios” (CEC 2464).
9°: “El que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón” (Mt 5, 8).
“San Juan distingues tres especies de codicia o concupiscencia: la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la soberbia de la vida” (Cfr. 1Jn 2, 16). Siguiendo la tradición catequética católica, el noveno mandamiento prohíbe la concupiscencia de la carne…” (CEC 2514).
10°: “No codiciarás… nada que sea de tu prójimo”. (Ex 20, 17).
“No desearas la casa de tu prójimo… ni su siervo, ni su sierva, ni su toro, ni su burro, ni nada de cuanto le pertenezca” (Dt 5, 21).
“El décimo mandamiento desdobla y completa el noveno, que versa sobre la concupiscencia de la carne. Prohíbe la codicia del bien ajeno raíz del robo, de la rapiña y del fraude, prohibidos por el séptimo mandamiento. La “concupiscencia de los ojos” (Cfr. 1Jn 2, 16) llevada a la violencia y a la injusticia, prohibida por el quinto precepto (Cfr. Mi 2, 2). La codicia tiene su origen, como la fornicación, en la idolatría condenada a las tres primeras prescripciones de la ley” (Cfr. Sb 14, 12). El décimo mandamiento se refiere a la intención del corazón; resume con, el noveno, todos preceptos de la ley (CEC 2534).

 

Lucas 13: 1 - 9 En aquel mismo momento llegaron algunos que le contaron lo de los galileos, cuya sangre había mezclado Pilato con la de sus sacrificios. Les respondió Jesús: «¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que todos los demás galileos, porque han padecido estas cosas? No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo. O aquellos dieciocho sobre los que se desplomó la torre de Siloé matándolos, ¿pensáis que eran más culpables que los demás hombres que habitaban en Jerusalén? No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo.» Les dijo esta parábola: «Un hombre tenía plantada una higuera en su viña, y fue a buscar fruto en ella y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: "Ya hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro; córtala; ¿para qué va a cansar la tierra?" Pero él le respondió: "Señor, déjala por este año todavía y mientras tanto cavaré a su alrededor y echaré abono, por si da fruto en adelante; y si no da, la cortas.
Lucas 13: 1 – 9
En aquel mismo momento llegaron algunos que le contaron lo de los galileos, cuya sangre había mezclado Pilato con la de sus sacrificios. Les respondió Jesús: «¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que todos los demás galileos, porque han padecido estas cosas? No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo. O aquellos dieciocho sobre los que se desplomó la torre de Siloé matándolos, ¿pensáis que eran más culpables que los demás hombres que habitaban en Jerusalén? No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo.»
Les dijo esta parábola: «Un hombre tenía plantada una higuera en su viña, y fue a buscar fruto en ella y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: “Ya hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro; córtala; ¿para qué va a cansar la tierra?” Pero él le respondió: “Señor, déjala por este año todavía y mientras tanto cavaré a su alrededor y echaré abono, por si da fruto en adelante; y si no da, la cortas.

 

Pregunta: ¿Que es el ayuno? El ayuno es una práctica de abstinencia de alimentos mientras el cristiano ora y medita en la palabra de Dios. El propósito del ayuno es negar los placeres físicos en busca de un crecimiento espiritual y de una comunión profunda con Dios. Usualmente, las personas que ayunan tienen un motivo o un enfoque especial que presentan en oración. Porque es un sacrificio muy personal en adoración a Dios, Jesús enseña que el ayuno se haga sin la persona llamar mucha atención a su acto y así evitar buscar gloria para si mismo. Respuesta: En la Biblia vemos que personas ayunaban bajo distintas circunstancia, en diferentes formas y por diferentes razones. Por ejemplo en el libro de Daniel vemos que el ayunó por lo menos dos veces. La segunda vez lo hiso por 21 días limitándose a comer legumbres solamente. Él quería saber cuando era el tiempo en que iba a terminar el exilio de Israel en Babilonia. Al terminar, Dios le respondió con una gran visión mostrándole la historia del mundo y de los reyes de ese tiempo. Otro ejemplo lo vemos en Jesús, quien antes de empezar su ministerio se retiro al desierto y ayuno por 40 días sin alimento alguno. Este ayuno era uno de preparación y fortaleza. En Mateo 17: 14-20 Jesús dice que algunos batallas espirituales solo se vencen con el ayuno. Hechos 13 empieza con los apóstoles orando, buscando dirección antes de salir hacia Chipre. Otros, como la profetiza Ana en Lucas 28, ayunan para mantener una comunión constante con Dios. Un ayuno puede durar varias horas, un día entero de 24 horas, unos cuantos días o unas cuantas semanas. La persona puede dejar de comer por completo o puede hacer un ayuno parcial. El ayuno parcial es cuando la persona come solamente para sobrevivir y el consumo de alimentos es limitado. Esto depende de la condición de salud de la persona. Para que un ayuno sea sincero debe de costarle algo al que este ayunado. Por ejemplo, si normalmente no comes carne, pues no vale la pena hacer un ayuno de carne. Algunas personas se abstienen de otras cosas como usar el Internet, el sexo o no gastar dinero, pero básicamente los ejemplos que vemos en la Biblia tienen que ver con alimentos. http://cristianos.about.com/od/Cristianos-Practicas/f/Que-Es-El-Ayuno.htm
Pregunta: ¿Que es el ayuno?
El ayuno es una práctica de abstinencia de alimentos mientras el cristiano ora y medita en la palabra de Dios. El propósito del ayuno es negar los placeres físicos en busca de un crecimiento espiritual y de una comunión profunda con Dios. Usualmente, las personas que ayunan tienen un motivo o un enfoque especial que presentan en oración. Porque es un sacrificio muy personal en adoración a Dios, Jesús enseña que el ayuno se haga sin la persona llamar mucha atención a su acto y así evitar buscar gloria para si mismo.
Respuesta:
En la Biblia vemos que personas ayunaban bajo distintas circunstancia, en diferentes formas y por diferentes razones. Por ejemplo en el libro de Daniel vemos que el ayunó por lo menos dos veces. La segunda vez lo hiso por 21 días limitándose a comer legumbres solamente. Él quería saber cuando era el tiempo en que iba a terminar el exilio de Israel en Babilonia.
Al terminar, Dios le respondió con una gran visión mostrándole la historia del mundo y de los reyes de ese tiempo.
Otro ejemplo lo vemos en Jesús, quien antes de empezar su ministerio se retiro al desierto y ayuno por 40 días sin alimento alguno. Este ayuno era uno de preparación y fortaleza.
En Mateo 17: 14-20 Jesús dice que algunos batallas espirituales solo se vencen con el ayuno. Hechos 13 empieza con los apóstoles orando, buscando dirección antes de salir hacia Chipre. Otros, como la profetiza Ana en Lucas 28, ayunan para mantener una comunión constante con Dios.
Un ayuno puede durar varias horas, un día entero de 24 horas, unos cuantos días o unas cuantas semanas. La persona puede dejar de comer por completo o puede hacer un ayuno parcial.
El ayuno parcial es cuando la persona come solamente para sobrevivir y el consumo de alimentos es limitado. Esto depende de la condición de salud de la persona. Para que un ayuno sea sincero debe de costarle algo al que este ayunado. Por ejemplo, si normalmente no comes carne, pues no vale la pena hacer un ayuno de carne.
Algunas personas se abstienen de otras cosas como usar el Internet, el sexo o no gastar dinero, pero básicamente los ejemplos que vemos en la Biblia tienen que ver con alimentos.

 

La Cuaresma es el tiempo litúrgico de conversión, que marca la Iglesia para prepararnos a la gran fiesta de la Pascua. Es tiempo para arrepentirnos de nuestros pecados y de cambiar algo de nosotros para ser mejores y poder vivir más cerca de Cristo. La Cuaresma dura 40 días; comienza el Miércoles de Ceniza y termina antes de la Misa de la Cena del Señor del Jueves Santo. A lo largo de este tiempo, sobre todo en la liturgia del domingo, hacemos un esfuerzo por recuperar el ritmo y estilo de verdaderos creyentes que debemos vivir como hijos de Dios. El color litúrgico de este tiempo es el morado que significa luto y penitencia. Es un tiempo de reflexión, de penitencia, de conversión espiritual; tiempo de preparación al misterio pascual. En la Cuaresma, Cristo nos invita a cambiar de vida. La Iglesia nos invita a vivir la Cuaresma como un camino hacia Jesucristo, escuchando la Palabra de Dios, orando, compartiendo con el prójimo y haciendo obras buenas. Nos invita a vivir una serie de actitudes cristianas que nos ayudan a parecernos más a Jesucristo, ya que por acción de nuestro pecado, nos alejamos más de Dios. Por ello, la Cuaresma es el tiempo del perdón y de la reconciliación fraterna. Cada día, durante toda la vida, hemos de arrojar de nuestros corazones el odio, el rencor, la envidia, los celos que se oponen a nuestro amor a Dios y a los hermanos. En Cuaresma, aprendemos a conocer y apreciar la Cruz de Jesús. Con esto aprendemos también a tomar nuestra cruz con alegría para alcanzar la gloria de la resurrección. 40 días La duración de la Cuaresma está basada en el símbolo del número cuarenta en la Biblia. En ésta, se habla de los cuarenta días del diluvio, de los cuarenta años de la marcha del pueblo judío por el desierto, de los cuarenta días de Moisés y de Elías en la montaña, de los cuarenta días que pasó Jesús en el desierto antes de comenzar su vida pública, de los 400 años que duró la estancia de los judíos en Egipto. En la Biblia, el número cuatro simboliza el universo material, seguido de ceros significa el tiempo de nuestra vida en la tierra, seguido de pruebas y dificultades. La práctica de la Cuaresma data desde el siglo IV, cuando se da la tendencia a constituirla en tiempo de penitencia y de renovación para toda la Iglesia, con la práctica del ayuno y de la abstinencia. Conservada con bastante vigor, al menos en un principio, en las iglesias de oriente, la práctica penitencial de la Cuaresma ha sido cada vez más aligerada en occidente, pero debe observarse un espíritu penitencial y de conversión. https://www.aciprensa.com/recursos/que-es-la-cuaresma-1920/
La Cuaresma es el tiempo litúrgico de conversión, que marca la Iglesia para prepararnos a la gran fiesta de la Pascua. Es tiempo para arrepentirnos de nuestros pecados y de cambiar algo de nosotros para ser mejores y poder vivir más cerca de Cristo.
La Cuaresma dura 40 días; comienza el Miércoles de Ceniza y termina antes de la Misa de la Cena del Señor del Jueves Santo. A lo largo de este tiempo, sobre todo en la liturgia del domingo, hacemos un esfuerzo por recuperar el ritmo y estilo de verdaderos creyentes que debemos vivir como hijos de Dios.
El color litúrgico de este tiempo es el morado que significa luto y penitencia. Es un tiempo de reflexión, de penitencia, de conversión espiritual; tiempo de preparación al misterio pascual.
En la Cuaresma, Cristo nos invita a cambiar de vida. La Iglesia nos invita a vivir la Cuaresma como un camino hacia Jesucristo, escuchando la Palabra de Dios, orando, compartiendo con el prójimo y haciendo obras buenas. Nos invita a vivir una serie de actitudes cristianas que nos ayudan a parecernos más a Jesucristo, ya que por acción de nuestro pecado, nos alejamos más de Dios.
Por ello, la Cuaresma es el tiempo del perdón y de la reconciliación fraterna. Cada día, durante toda la vida, hemos de arrojar de nuestros corazones el odio, el rencor, la envidia, los celos que se oponen a nuestro amor a Dios y a los hermanos. En Cuaresma, aprendemos a conocer y apreciar la Cruz de Jesús. Con esto aprendemos también a tomar nuestra cruz con alegría para alcanzar la gloria de la resurrección.
40 días
La duración de la Cuaresma está basada en el símbolo del número cuarenta en la Biblia. En ésta, se habla de los cuarenta días del diluvio, de los cuarenta años de la marcha del pueblo judío por el desierto, de los cuarenta días de Moisés y de Elías en la montaña, de los cuarenta días que pasó Jesús en el desierto antes de comenzar su vida pública, de los 400 años que duró la estancia de los judíos en Egipto.
En la Biblia, el número cuatro simboliza el universo material, seguido de ceros significa el tiempo de nuestra vida en la tierra, seguido de pruebas y dificultades.
La práctica de la Cuaresma data desde el siglo IV, cuando se da la tendencia a constituirla en tiempo de penitencia y de renovación para toda la Iglesia, con la práctica del ayuno y de la abstinencia. Conservada con bastante vigor, al menos en un principio, en las iglesias de oriente, la práctica penitencial de la Cuaresma ha sido cada vez más aligerada en occidente, pero debe observarse un espíritu penitencial y de conversión.

 

“Saldrá un brote del tronco de Jesé, un retoño brotará de sus raíces. Sobre el reposara el Espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de fortaleza, espíritu de ciencia y de temor del Señor” (Is 11, 1-2). “En cambio, los frutos del Espíritu son: amor, alegría, paz, tolerancia, amabilidad, bondad, fe, mansedumbre y dominio de sí mismo. Si vivimos gracias al Espíritu, comportémonos también según el Espíritu” (Gal 5, 22-25). “Los siete dones del Espíritu son: sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios. Pertenecen en plenitud a Cristo, Hijo de David. Completan y llevan a su perfección las virtudes de quienes los reciben. Hacen a los fieles dóciles para obedecer con prontitud a las inspiraciones divinas” (CEC 1831). “Los frutos del Espíritu son perfecciones que forman en nosotros el Espíritu Santo como primicias de la gloria eterna. La tradición de la Iglesia enumera doce: caridad, gozo, paz, paciencia, longanimidad, bondad, benignidad, mansedumbre, fidelidad, modestia, continencia, castidad” (CEC 1832).
“Saldrá un brote del tronco de Jesé, un retoño brotará de sus raíces. Sobre el reposara el Espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de fortaleza, espíritu de ciencia y de temor del Señor” (Is 11, 1-2).
“En cambio, los frutos del Espíritu son: amor, alegría, paz, tolerancia, amabilidad, bondad, fe, mansedumbre y dominio de sí mismo. Si vivimos gracias al Espíritu, comportémonos también según el Espíritu” (Gal 5, 22-25).
“Los siete dones del Espíritu son: sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios. Pertenecen en plenitud a Cristo, Hijo de David. Completan y llevan a su perfección las virtudes de quienes los reciben. Hacen a los fieles dóciles para obedecer con prontitud a las inspiraciones divinas” (CEC 1831).
“Los frutos del Espíritu son perfecciones que forman en nosotros el Espíritu Santo como primicias de la gloria eterna. La tradición de la Iglesia enumera doce: caridad, gozo, paz, paciencia, longanimidad, bondad, benignidad, mansedumbre, fidelidad, modestia, continencia, castidad” (CEC 1832).

 

“En cierta ocasión se acercó uno y le preguntó: -Maestro, ¿qué debo hacer de bueno para obtener la vida eterna? Jesús le contestó: - ¿Por qué me preguntas acerca de lo bueno? Uno sólo es bueno. Si quieres entrar en la vida, observa los mandamientos. Él preguntó - ¿Cuáles? Jesús contesto: - No matará, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falsos testimonios; honraras a tu padre y madre, ama a tu prójimo como a ti mismo. El joven le dijo: - Todo eso ya lo he cumplido. ¿Qué me falta aún? Jesús le dijo: - Si quieres ser perfecto, ve a vender todo lo que tienes y dáselo a los pobres; así tendrás un tesoro en los cielos. Luego ven y sígueme. Al oír esto, el joven se fue muy triste porque poseía muchos bienes” (Mt 19, 16-21). “En esto sabremos que somos de la verdad y tendremos nuestra conciencia tranquila ante él, aunque nuestra conciencia nos condene, pues Dios que lo sabe todo, está por encima de nuestra conciencia. Queridos, si la conciencia no nos condena, tenemos confianza total en Dios, y lo que le pidamos lo obtendremos de él, porque guardemos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada. Y este es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo, Jesucristo, y que nos amemos unos a otros según el mandamiento que nos dio. Quien guardada sus mandamientos que nos dio. Quien guarda su mandamiento mora en Dios y Dios en él; en esto conocemos que mora en nosotros: por el espíritu que nos ha dado” (1Jn 3, 19-24). “Los mandamientos de Dios enuncian las exigencias del amor de Dios y del prójimo. Los tres primeros se refieren más al amor de Dios y los otro siete más al amor del prójimo. Como la caridad comprende dos preceptos en los que el Señor condensa toda la ley y los profetas…, así los diez preceptos se dividen en dos tablas: tres están escritos en una tabla y siete en la otra. (S. Agustín, Serm 33, 2, 2)” (CEC 2067). “El concilio de Trento enseña que los diez mandamientos obligan a los cristianos y que el hombre justificado está también obligado a observarlos (Cfr. DS 1569-1570). Y el Concilio Vaticano II afirma que: “Los obispos, como sucesores de los apóstoles, reciben del Señor… la misión de enseñar a todos los pueblos y de predicar el Evangelio a todo el mundo para que todos los hombres, por la fe, el bautismo y el cumplimiento de los mandamientos, consigan la salvación (LG 24)” (CEC 2068).
“En cierta ocasión se acercó uno y le preguntó:
– Maestro, ¿qué debo hacer de bueno para obtener la vida eterna?
Jesús le contestó:
– ¿Por qué me preguntas acerca de lo bueno? Uno sólo es bueno. Si quieres entrar en la vida, observa los mandamientos.
Él preguntó
– ¿Cuáles?
Jesús contesto:
– No matará, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falsos testimonios; honraras a tu padre y madre, ama a tu prójimo como a ti mismo.
El joven le dijo:
– Todo eso ya lo he cumplido. ¿Qué me falta aún?
Jesús le dijo:
– Si quieres ser perfecto, ve a vender todo lo que tienes y dáselo a los pobres; así tendrás un tesoro en los cielos. Luego ven y sígueme.
Al oír esto, el joven se fue muy triste porque poseía muchos bienes” (Mt 19, 16-21).
“En esto sabremos que somos de la verdad y tendremos nuestra conciencia tranquila ante él, aunque nuestra conciencia nos condene, pues Dios que lo sabe todo, está por encima de nuestra conciencia.
Queridos, si la conciencia no nos condena, tenemos confianza total en Dios, y lo que le pidamos lo obtendremos de él, porque guardemos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada. Y este es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo, Jesucristo, y que nos amemos unos a otros según el mandamiento que nos dio. Quien guardada sus mandamientos que nos dio. Quien guarda su mandamiento mora en Dios y Dios en él; en esto conocemos que mora en nosotros: por el espíritu que nos ha dado” (1Jn 3, 19-24).
“Los mandamientos de Dios enuncian las exigencias del amor de Dios y del prójimo. Los tres primeros se refieren más al amor de Dios y los otro siete más al amor del prójimo.
Como la caridad comprende dos preceptos en los que el Señor condensa toda la ley y los profetas…, así los diez preceptos se dividen en dos tablas: tres están escritos en una tabla y siete en la otra. (S. Agustín, Serm 33, 2, 2)” (CEC 2067).
“El concilio de Trento enseña que los diez mandamientos obligan a los cristianos y que el hombre justificado está también obligado a observarlos (Cfr. DS 1569-1570). Y el Concilio Vaticano II afirma que: “Los obispos, como sucesores de los apóstoles, reciben del Señor… la misión de enseñar a todos los pueblos y de predicar el Evangelio a todo el mundo para que todos los hombres, por la fe, el bautismo y el cumplimiento de los mandamientos, consigan la salvación (LG 24)” (CEC 2068).

 

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Concilio Vaticano II “Aunque la Iglesia, por la virtud del Espíritu Santo, se ha mantenido como esposa fiel de su Señor y nunca ha cesado de ser signo de salvación en el mundo, sabe, sin embargo, muy bien que no siempre, a lo largo de su prolongada historia, fueron todos sus miembros, clérigos o laicos, fieles al espíritu de Dios. Sabe también la Iglesia que aún hoy día es mucha la distancia que se da entre el mensaje que ella anuncia y la fragilidad humana de los mensajeros a quienes está confiado el Evangelio. Dejando a un lado el juicio de la historia sobre estas deficiencias, debemos, sin embargo, tener conciencia de ellas y combatirlas con máxima energía para que no dañen a la difusión del Evangelio. De igual manera comprende la Iglesia cuánto le queda aún por madurar, por su experiencia de siglos, en la relación que debe mantener con el mundo. Dirigida por el Espíritu Santo, la Iglesia, como madre, no cesa de "exhortar a sus hijos a la purificación y a la renovación para que brille con mayor claridad la señal de Cristo en el rostro de la Iglesia".
Concilio Vaticano II
“Aunque la Iglesia, por la virtud del Espíritu Santo, se ha mantenido como esposa fiel de su Señor y nunca ha cesado de ser signo de salvación en el mundo, sabe, sin embargo, muy bien que no siempre, a lo largo de su prolongada historia, fueron todos sus miembros, clérigos o laicos, fieles al espíritu de Dios. Sabe también la Iglesia que aún hoy día es mucha la distancia que se da entre el mensaje que ella anuncia y la fragilidad humana de los mensajeros a quienes está confiado el Evangelio. Dejando a un lado el juicio de la historia sobre estas deficiencias, debemos, sin embargo, tener conciencia de ellas y combatirlas con máxima energía para que no dañen a la difusión del Evangelio. De igual manera comprende la Iglesia cuánto le queda aún por madurar, por su experiencia de siglos, en la relación que debe mantener con el mundo. Dirigida por el Espíritu Santo, la Iglesia, como madre, no cesa de “exhortar a sus hijos a la purificación y a la renovación para que brille con mayor claridad la señal de Cristo en el rostro de la Iglesia”.

 

Evangelio Evangelio según san Mateo (5,1-12), del domingo, 1 de noviembre de 2015 0 Lectura del santo evangelio según san Mateo (5,1-12): Viendo la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.» Palabra del Señor
Evangelio
Evangelio según san Mateo (5,1-12), del domingo, 1 de noviembre de 2015
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Lectura del santo evangelio según san Mateo (5,1-12):
Viendo la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.»
Palabra del Señor

 

Pastor de Hermanas, comparación primera: La verdadera ciudad del cristiano. Saben –me dijo- que ustedes, los siervos de Dios, viven en la tierra extranjera, pues su ciudad está muy lejos de esta que ahora habitan. Sí, pues, saben cuál es la ciudad que definitivamente han de habitar, ¿a qué fin previenen aquí campos y lujosas instalaciones, casa y moradas perecederas? Ahora bien, el que a todo eso se apareja para la ciudad presente, señal es que no piensa volver a su propia ciudad. ¡Hombre necio, vacilante y miserable!, ¿No te das cuentas que todo eso son cosas ajenas y están bajo poder de otro? Y así te dirá el Señor de esta ciudad: “No quiero que habites en mi ciudad, puesto que nos sigues sus leyes. Ahora, pues, tú que tienes cas y muchas otras riquezas, ¿Qué harás, cuando seas por Él expulsado, de tu campo y de tu casa y de todo lo demás que te aparejaste? ¡Atención, pues ustedes, los que sirven al Señor y le tienen en el corazón! Obren las obras de Dios, recordando sus mandamientos y las promesas que les ha hecho y crean que Él as cumplirá con tal de que sus mandamientos sean guardados. En lugar, pues, de campos, comprar almas atribuladas, conforme cada uno pueda; socorren a las viudas y a los huérfanos no los desprecien: gasten sus riquezas y sus bienes todos en esta clase de campos y casas, que son las que han recibido del Señor. Porque es este es el fin para que el dueño los hicieran ricos, para que les presten estos servicios. Mucho mejor es comprar tales campos y posesiones y casas, que son las que has de encontrar en tu ciudad cuando vuelvas a ella. Este es un lujo bueno y santo, que no trae consigo tristeza ni temor, sino alegría. No practiques, pues, el lujo de los gentiles, pues es sin provecho para ustedes, los servidores de Dios. Practicar, sí su propio lujo, aquel en que puedan alegrarse. Y no engañen a nadie ni toquen lo ajeno, ni lo codicien, porque cosa mala es codiciar lo ajeno. Trabajar, empero, tu propio trabajo y te salvarás.
Pastor de Hermanas, comparación primera: La verdadera ciudad del cristiano. 
Saben –me dijo- que ustedes, los siervos de Dios, viven en la tierra extranjera, pues su ciudad está muy lejos de esta que ahora habitan. Sí, pues, saben cuál es la ciudad que definitivamente han de habitar, ¿a qué fin previenen aquí campos y lujosas instalaciones, casa y moradas perecederas? Ahora bien, el que a todo eso se apareja para la ciudad presente, señal es que no piensa volver a su propia ciudad. ¡Hombre necio, vacilante y miserable!, ¿No te das cuentas que todo eso son cosas ajenas y están bajo poder de otro? Y así te dirá el Señor de esta ciudad: “No quiero que habites en mi ciudad, puesto que nos sigues sus leyes. Ahora, pues, tú que tienes cas y muchas otras riquezas, ¿Qué harás, cuando seas por Él expulsado, de tu campo y de tu casa y de todo lo demás que te aparejaste?
¡Atención, pues ustedes, los que sirven al Señor y le tienen en el corazón! Obren las obras de Dios, recordando sus mandamientos y las promesas que les ha hecho y crean que Él as cumplirá con tal de que sus mandamientos sean guardados. En lugar, pues, de campos, comprar almas atribuladas, conforme cada uno pueda; socorren a las viudas y a los huérfanos no los desprecien: gasten sus riquezas y sus bienes todos en esta clase de campos y casas, que son las que han recibido del Señor. Porque es este es el fin para que el dueño los hicieran ricos, para que les presten estos servicios. Mucho mejor es comprar tales campos y posesiones y casas, que son las que has de encontrar en tu ciudad cuando vuelvas a ella. Este es un lujo bueno y santo, que no trae consigo tristeza ni temor, sino alegría. No practiques, pues, el lujo de los gentiles, pues es sin provecho para ustedes, los servidores de Dios. Practicar, sí su propio lujo, aquel en que puedan alegrarse. Y no engañen a nadie ni toquen lo ajeno, ni lo codicien, porque cosa mala es codiciar lo ajeno. Trabajar, empero, tu propio trabajo y te salvarás.

 

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Lectura del santo evangelio según san Marcos (10,17-30):

En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló y le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?»
Jesús le contestó: «¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios. Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre.»
Él replicó: «Maestro, todo eso lo he cumplido desde pequeño.»
Jesús se le quedó mirando con cariño y le dijo: «Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego síguerne.»
A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó pesaroso, porque era muy rico. Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: «¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el reino de Dios!»
Los discípulos se extrañaron de estas palabras. Jesús añadió: «Hijos, ¡qué difícil les es entrar en el reino de Dios a los que ponen su confianza en el dinero! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja,que a un rico entrar en el reino de Dios.»
Ellos se espantaron y comentaban: «Entonces, ¿quién puede salvarse?»
Jesús se les quedó mirando. y les dijo: «Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo.»
Pedro se puso a decirle: «Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.»
Jesús dijo: «Os aseguro que quien deje casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, recibirá ahora, en este tiempo, cien veces más casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones, y en la edad futura, vida eterna.»

Palabra del Señor

Lucas 1:37
Lucas 1:37

 

(Lucas 6, 6-11) Un sábado, entró Jesús en la sinagoga a enseñar. Había allí un hombre que tenía parálisis en el brazo derecho. Los letrados y los fariseos estaban al acecho para ver si curaba en sábado, y encontrar de qué acusarlo. Pero él, sabiendo lo que pensaban, dijo al hombre del brazo paralítico: Levántate y ponte ahí en medio. El se levantó y se quedó en pie. Jesús les dijo: Os voy a hacer una pregunta: ¿Qué está permitido en sábado ? , ¿hacer el bien o el mal, salvar a uno o dejarlo morir? Y, echando en torno una mirada a todos, le dijo al hombre: Extiende el brazo. El lo hizo y su brazo quedó restablecido. Ellos se pusieron furiosos y discutían qué había que hacer con Jesús.
(Lucas 6, 6-11)
Un sábado, entró Jesús en la sinagoga a enseñar.
Había allí un hombre que tenía parálisis en el brazo derecho.
Los letrados y los fariseos estaban al acecho para ver si curaba en sábado, y
encontrar de qué acusarlo.
Pero él, sabiendo lo que pensaban, dijo al hombre del brazo paralítico: Levántate y
ponte ahí en medio.
El se levantó y se quedó en pie.
Jesús les dijo: Os voy a hacer una pregunta: ¿Qué está permitido en sábado ? ,
¿hacer el bien o el mal, salvar a uno o dejarlo morir? Y, echando en torno una
mirada a todos, le dijo al hombre: Extiende el brazo.
El lo hizo y su brazo quedó restablecido.
Ellos se pusieron furiosos y discutían qué había que hacer con Jesús.

 

 (Mc 7,31-37) En aquel tiempo, dejó Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del lago de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos. Él, apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y, mirando al cielo, suspiró y le dijo: «Effetá», esto es: «Ábrete.» Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad. Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos. Y en el colmo del asombro decían: «Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos.»
(Marcos  7,31-37)
En aquel tiempo, dejó Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del lago de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos.
Él, apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y, mirando al cielo, suspiró y le dijo: «Effetá», esto es: «Ábrete.»
Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad. Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos. Y en el colmo del asombro decían: «Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos.»

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo: el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne, para la vida del mundo. Disputaban entonces los judíos entre sí: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne? Entonces Jesús les dijo: Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron: el que coma este pan vivirá para siempre.
En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo: el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne, para la vida del mundo. Disputaban entonces los judíos entre sí: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne? Entonces Jesús les dijo: Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron: el que coma este pan vivirá para siempre.

 

“Y dijo Dios: ‘hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra y dominen sobre los peces del mar, las aves del cielo, en las bestias salvajes y los reptiles de la tierra. Creó pues, Dios, al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, varón y mujer los creó” (Gn 1, 26-27).
“Y dijo Dios: ‘hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra y dominen sobre los peces del mar, las aves del cielo, en las bestias salvajes y los reptiles de la tierra. Creó pues, Dios, al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, varón y mujer los creó” (Gn 1, 26-27).

 

“Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al padre sino por mí. Si me conocieran, conocerían también a mi padre; desde ahora lo conocen y lo han visto.” Le dice Felipe: “Señor, muéstranos al Padre y basta”, le dice Jesús: “¿tanto tiempo hace que estoy con ustedes y no me conoces Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: Muéstranos al Padre?” (Jn 14, 6-9).
“Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al padre sino por mí. Si me conocieran, conocerían también a mi padre; desde ahora lo conocen y lo han visto.” Le dice Felipe: “Señor, muéstranos al Padre y basta”, le dice Jesús: “¿tanto tiempo hace que estoy con ustedes y no me conoces Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: Muéstranos al Padre?” (Jn 14, 6-9).

 

“Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él, no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envío a su hijo al mundo para condenarlo, sino para que el mundo se salve por Él.” (Jn 3, 16-17).
“Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él, no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envío a su hijo al mundo para condenarlo, sino para que el mundo se salve por Él.” (Jn 3, 16-17).

 

“… La fe cristiana es, ante todo, conversión a Jesucristo, adhesión plena y sincera a su persona y decisión de caminar en su seguimiento. La fe es un encuentro personal con Jesucristo, es hacerse discípulos suyos. Esto exige el compromiso permanente de pensar como Él, de juzgar como Él y de vivir como Él lo hizo. Así, el creyente se une a la comunidad de los discípulos y hace suya la fe de la Iglesia”. (DGC 53).
“… La fe cristiana es, ante todo, conversión a Jesucristo, adhesión plena y sincera a su persona y decisión de caminar en su seguimiento. La fe es un encuentro personal con Jesucristo, es hacerse discípulos suyos. Esto exige el compromiso permanente de pensar como Él, de juzgar como Él y de vivir como Él lo hizo. Así, el creyente se une a la comunidad de los discípulos y hace suya la fe de la Iglesia”. (DGC 53).